luns, 6 de novembro de 2017

Historia de una trona




Hace casi 6 años me estrenaba como madre. Qué ingenuidad la de aquellos momentos en los que ni sabía qué íbamos a necesitar realmente, bombardeada por opinólogos, webs y revistas. Que si cambiadores, ropa de cuna, no sé cuántas toallas, bañera, silla de paseo, blablabla. Suerte que soy minimalista y poco aficionada a las compras pero, aun así, me cargué con accesorios a los que no di más que un uso testimonial, por aquello de que ya estaban comprados. En pocos meses yacía arrinconado el preciosísimo cambiador, tanto el de casa como el de viaje. El moisés hecho a mano que solo sirvió para guardar juguetes. Cremas, aceites, colonias... Si volviese ahora a esos meses de 2011 de mi primer embarazo la lista básica sería mucho más reducida: 

Pañales 
Toallitas 
Silla a contramarcha 
Mochila
Un par de toallas 
Ropa básica, que, aunque dependerá mucho del mes de nacimiento, se puede ceñir a bodis, pijamas y un par de conjuntos para salir. 

Y ya si queremos darnos un capricho, usamos bastante la bañera tipo cubo. A número 1 le encantaba el agua y pasaba casi a diario un buen rato a remojo. En cambio, a número 2 el agua como que de lejos, así que vale la pena ir conociendo a nuestro bebé antes de llenarnos la casa de objetos que pueden quedarse tal cual (aún tengo sin abrir un plato termo...). Número 3 también es muy acuático pero directamente ha usado la bañera. ¡Por nada del mundo meto más trastos en casa! Se va aprendiendo con los hijos, optimizamos y nos salen manos adicionales para encargarnos de cuatro cosas a la vez. 
Pues bien, en todo este listado anterior no he mencionado la trona. Teníamos una regalo de la madrina. La elegí yo sin ninguna idea, supongo que fue la que nos recomendaron en la tienda. Empezamos a usarla cuando número 1 cumplió 6 meses. Ya se podía sentar solo y manejaba alimentos según la filosofía del BLW. No tardamos mucho en dejarla en casa de la abuela. El motivo: soy tonta. Resulta que pasamos a comer en una mesa baja y la trona dejaba al niño a demasiada altura. No nos veíamos bien. Y digo que soy tonta porque... ¡la trona era regulable! Como acabamos de descubrir. Y es que número 3 ha empezado a comer sólidos y ya hace más de dos meses que se sienta solo perfectamente. Como tiene la manía de no quedarse quieto ni comiendo, nos pareció buena idea de que pudiese diponer de asiento y bandeja, que también con él seguimos el BLW. Y la trona triunfó. Él aguanta poco tiempo sentado pero sus hermanos mayores, casi 6 y 4 años, se la rifan al punto de que vamos a comprar más. No solo la quieren para comer sino que la utilizan para pintar y escribir, aprovechando la bandeja, o simplemente se sientan a ver la tele. Es la Chicco Polly, con un estampado marino. La acabo de ver en esta web con otro diseño:

 
Durante su exilio ya me había olvidado de que cumple con las características que busco en una trona:

Regulable
Plegable
Evolutiva 
Fácil de limpiar

Número 1 la usa con casi 6 años y 20 kg de peso. Ahora estoy viendo modelos de vida útil todavía más larga. ¿Experiencias?

venres, 20 de outubro de 2017

Penélope teje

La novela por entregas de mi blog de literatura trata el tema de la muerte y el duelo perinatal, entre otros. Os dejo aquí los enlaces ordenados desde el primero, iré añadiendo los nuevos. En el mismo enlace está la versión en gallego y en castellano. Comenta y comparte. Gracias.

A novela por entregas do meu blog de literatura trata o tema da morte e o dó perinatal, entre outros. Déixovos aquí os enlaces ordenados desde o primeiro, irei engadindo os novos. Na mesma ligazón está a versión en galego e en castelán. Comenta e comparte. Grazas.

Penélope tece 
As madeixas, de todas as cores imaxinables, non conseguían facer esquecer o frío do cuarto que tiña que ter sido da nena...
 
Penélope 2
O baleiro afogábaa. Nada queda da miña vida imaxinada. Telémaco propón trasladar os seus nobelos a ese cuarto. Xoguetes rotos. Xacen esparexidos. 

Penélope 3 
Suspendida. Interrompida en empurrón de morte aquela madrugada, amencer que debía ser de vida.

Penélope 4 
Sentaba no obradoiro polas tardes. Pasaba a vista pola caixa de recordos. Choro. Choraba baixiño para que non a escoitasen nin os seus ósos. 

Penélope 5 
Tezo sen patrón porque a vida me rompeu o molde. Tezo por tecer. Por esquecer. Por concentrarme na tarefa. Por esquecerme de min. Tezo sen respirar, todas as cores sen sentido. 

Dolor

Ayer fue el día del recuerdo. No necesito un día para recordar lo que no olvido, pero está bien concienciar a los que sí lo hacen. Ayer no encendí velas. Ya mi país ardía por todas partes. Olor a humo, madera muerta, ceniza en la garganta y dolor rabia impotencia miedo, un cielo que aplasta negro viento atmósfera irrespirable de paisaje apocalíptico. Y aún así el peso de tu ausencia no dejaría ni una hierba viva.

Dor
Onte foi o día do recordo. Non necesito un día para lembrar o que non esquezo, pero está ben concienciar ós que si o fan. Onte non acendín candeas. Xa o meu país ardía por todas partes. Cheiro a fume, madeira morta, cinza na gorxa e dor rabia impotencia medo, un ceo que esmaga negro vento atmosfera irrespirable de paisaxe apocalíptica. E aínda así o peso da túa ausencia non dexaría nin unha herba viva.

xoves, 12 de outubro de 2017

Minijob desde casa


¿Recordáis la empresa australiana que buscaba gente para grabaciones de voz? Esta: http://maternario.blogspot.com.es/2017/09/se-buscan.html
Resulta que completaron el proyecto, por eso no recogían nuevas inscripciones. La buena noticia es que han decidido prolongarlo, así que, si estáis registradas, os contactarán en unas 48 horas, no hace falta que volváis a enviar el formulario.
Si no te has registrado y te interesa o quieres más información, escríbeme a maternariomail@gmail.com
Pueden apuntarse varias personas de la misma casa, hombres y mujeres, siempre que cumplan los requisitos que tenéis especificados en el enlace anterior.


Appen
Recordades a empresa australiana que buscaba xente para gravacións de voz? Esta: http://maternario.blogspot.com.es/2017/09/se-buscan.html
Resulta que completaron o proxecto, por iso non recollían novas inscricións. A boa noticia é que decidiron prolongalo, así que, se estades rexistradas, contactaranvos nunhas 48 horas, non fai falta que volvades enviar o formulario.
Se non te rexistraches e te interesa ou queres máis información, escríbeme a maternariomail@gmail.com
Poden apuntarse varias persoas da mesma casa, homes e mulleres, sempre que cumpran os requisitos que tedes especificados na ligazón anterior.

martes, 10 de outubro de 2017

Lo normal...




Hace unos días tuvimos que llevar a número 2 a hacer unas radiografías. Pero no pudimos ir a un hospital "normal". Fuimos a una clínica veterinaria. La razón es simple: nuestra experiencia con sanitarios ha sido el uso de la fuerza. Unas tres personas para intentar inmovilizar a un niño que por entonces tenía 2 años. Acababa tan agotado de esa lucha, y no precisamente a nivel físico, que nada más salir de la consulta se quedaba dormido. Ojo, no nos han tratado mal (al menos en comparación con otros casos que conozco) y nos han dejado entrar a dos acompañantes sin problema. Simplemente es su forma de trabajar. Costumbre, falta de tiempo, desconocimiento... Y es que número dos es autista y entra en crisis en las consultas médicas al punto de que nos las arreglamos para vacunarlo y sacarle sangre en casa, a medio dormir. No, no es capricho suyo. Hay otras formas de trabajar. Y, sí, es muy fácil que unos cuantos adultos inmovilicemos a un niño de cuatro años mientras él se revuelve, llora y aumenta su rechazo a una nueva visita. Pero este niño de cuatro años mañana tendrá 40. ¿Cómo lo inmovilizamos entonces? Poco a poco, con paciencia y sin violencia, hemos conseguido que se deje cortar las uñas, duchar o lavar los dientes. Con paciencia conseguiremos que acepte revisiones médicas. Por eso hace unos días acudimos a una clínica veterinaria, toda la familia, y nos recibió el perro del veterinario para que se "fotografiase" con él y no se separaron ni en la mesa de rayos, número 2 siempre en brazos de su padre, y aún así tardamos media hora solo para que aceptase hacer la placa. Esto no es posible en un hospital "humano". Sí es necesario.

O normal...
Hai uns días tivemos que levar a número 2 facer unhas radiografías. Pero non puidemos ir a un hospital "normal". Fomos a unha clínica veterinaria. A razón é simple: a nosa experiencia con sanitarios foi o uso da forza. Unhas tres persoas para intentar inmobilizar a un neno que por entón tiña 2 anos. Acababa tan esgotado desa loita, e non precisamente a nivel físico, que nada máis saír da consulta quedaba durmido. Ollo, non nos trataron mal (ó menos en comparación con outros casos que coñezo) e deixáronos entrar a dous acompañantes sen problema. Simplemente é a súa forma de traballar. Costume, falta de tempo, descoñecemento... E é que número dous é autista e entra en crise nas consultas médicas ó punto de que nos apañamos para vacinalo e sacarlle sangue na casa, a medio durmir. Non, non é capricho seu. Hai outras formas de traballar. E, si, é moi doado que uns cantos adultos inmobilicemos a un neno de catro anos mentres el se remexe, chora e aumenta o seu rexeitamento a unha nova visita. Pero este neno de catro anos mañá terá 40. Como o inmobilizamos entón? Pouco a pouco, con paciencia e sen violencia, conseguimos que deixe cortar as unllas, duchar ou lavar os dentes. Con paciencia conseguiremos que acepte revisións médicas. Por iso hai uns días acudimos a unha clínica veterinaria, toda a familia, e recibiunos o can do veterinario para que se "fotografase" con el e non se separaron nin na mesa de raios, número 2 sempre no colo do seu pai, e aínda así tardamos media hora só para que aceptase facer a placa. Isto non é posible nun hospital "humano". Si é necesario.

mércores, 20 de setembro de 2017

¡Se buscan!


ACTUALIZO: Minijob desde casa

¡Se buscan!
Hace unas semanas colaboré con la empresa australiana Appen, http://appen.com/. Pedían gente para grabar 200 frases a través de una aplicación móvil a cambio de 7,50 USD. Y como esto del trabajo y la maternidad como que aún me resulta una incógnita, por así decirlo, me animé. El procedimiento es muy sencillo y se concluye aproximadamente en una hora, que además no tiene que ser seguida (¡algo a tener en cuenta con niñ@s por la casa!). Ahora me han informado de que siguen necesitando gente con los siguientes requisitos:
- Hablante nativo de español de España (no Canarias, lo siento).
- Mayor de 18 años.
- Con acceso a móvil con Android.
- Con cuenta de PayPal (es donde ingresan, que no sea este el impedimento, es muy fácil de hacer).
A mí me gustó la experiencia. Interesadas contactadme en maternariomail@gmail.com

Búscanse!
Hai unhas semanas colaborei coa empresa australiana Appen, http://appen.com/. Pedían xente para gravar 200 frases a través dunha aplicación móbil a cambio de 7,50 USD. E como isto do traballo e a maternidade como que aínda me resulta unha incógnita, por así dicilo, animeime. O procedemento é moi sinxelo e conclúese aproximadamente nunha hora, que ademais non ten que ser seguida (algo a ter en conta con nen@s pola casa!) Agora informánme de que seguen necesitando xente cos seguintes requisitos:
- Falante nativo de español de España (non Canarias, síntoo).
- Maior de 18 anos.
- Con acceso a móbil con Android.
- Con conta de PayPal (é onde ingresan, que non sexa este o impedimento, é moi fácil de facer).
A min gustoume a experiencia. Interesadas contactádeme en maternariomail@gmail.com

xoves, 7 de setembro de 2017

El parto sorpresa

Cada vez que veo un bebé nacido rápido en casa, el coche o la calle, en brazos de personal de emergencias sonriendo para la foto criatura encima, madre desaparecida... se me revuelven las tripas.
Comadrona en la ola explica por qué y qué es lo que sí hay que hacer. Imperdible el pdf de su blog, aquí su enlace. Comparte, es importante:

http://comadronaenlaola.com/partos-extrahospitalarios-mas-f…

O parto sorpresa
Cada vez que vexo un bebé nacido rápido na casa, o coche ou a rúa, no colo de persoal de emerxencias a sorrir para a foto criatura encima, nai desaparecida... revólvenseme as tripas.
Comadrona en la ola explica por que e que é o que si hai que facer. Imperdible o pdf do seu blog, arriba a ligazón. Comparte, é importante.

luns, 21 de agosto de 2017

Duelo mamífero


Hace ya dos años escribí sobre el duelo tras la muerte del recién nacido desde el cuerpo de mamífera. Un duelo que no entiende de fases, que no se racionaliza porque se queda en el cuerpo. Ese útero que grita, clamando por el hijo ausente. Los pechos vaciándose en una leche-sangre-vida-muerte que nadie se bebe. Una primera fase en la que el cuerpo llama y busca insistentemente, desesperadamente, a su cría, aquella cuyo cuerpo sigue intacto en la memoria del vientre. Fase de mantenerse alerta, de olvidar el propio daño físico de la cesárea, el parto o la leche que revienta el seno. De sobrevivir casi sin sentir como propio el cuerpo. Olvidarse de respirar. Un tiempo y un espacio detenidos. Suspendidos en el precipicio. En este momento el ansia de cría marca todo. Después, la calma, solo espejismo antes de la desolación brutal que se avecina y anida para siempre, cuando el cuerpo asume, como losa, la marcha de la cría. Hace poco la perrita Tara llegó a casa tras parir cuatro cachorros muertos. Vi sus loquios. Su cuerpo despojándose de la vida. Su mirada muerta. Sus porqués sin respuesta. La leche retenida en sus mamas que gotean. Tan iguales que impresiona. Y, perra tímida de vida dura, nos tiene miedo a todos... menos al bebé de la casa, el único al que se acerca, presurosa, en cuanto lo oye. Y yo sé por qué.  A Tara sus rescatadoras la habían llamado Mai...

Dó mamífero
Hai xa dous anos escribín sobre o dó tras a morte do neonato desde o corpo de mamífera. Un dó que non entende de fases, que non se racionaliza porque queda no corpo. Ese útero que grita, clamando polo fillo ausente. Os peitos baleirándose nun leite-sangue-vida-morte que ninguén bebe. Unha primeira fase en que o corpo chama e busca insistentemente, desesperadamente, a súa cría, aquela de corpo que segue intacto na memoria do ventre. Fase de manterse alerta, de esquecer o propio dano físico da cesárea, o parto ou o leite que rebenta o seo. De sobrevivir case sen sentir como propio o corpo. Esquecer respirar. Un tempo e un espazo detidos. Suspendidos no precipicio. Neste momento a ansia de cría marca todo. Despois, a calma, só espellismo antes da desolación brutal que se aveciña e aniña para sempre, cando o corpo asume, como lousa, a marcha da cría. Hai pouco a cadeliña Tara chegou a casa tras parir catro cachorros mortos. Vin os seus loquios. O seu corpo despoxándose da vida. A súa ollada morta. Os seus porqués sen resposta. O leite retido nas súas mamas que pingan. Tan iguais que impresiona. E, cadela tímida de vida dura, tenos medo a todos... menos ó bebé da casa, o único ó que se achega, apresurada, en canto o escoita. E eu sei por que. A Tara as súas rescatadoras chamárana Mai...

luns, 24 de xullo de 2017

Acoger


Hace unas semanas la vi en internet. Mai. Se llamaba Mai. Y tuve que leer. Estaba en la perrera. Quién sabe cómo la vida le había acabado allí. Lo imagino por su miedo. Tiene una edad indeterminada. Tamaño mediano. Le faltan dientes. En la perrera en la que comen pollo crudo. Huesos. Vergüenza. Tiene bultos en las mamas. Sus rescatadoras consiguen sacarla para darle asistencia veterinaria. El diagnóstico es demoledor: cáncer en las mamas con metástasis en pulmones. Pedían una casa de acogida o adopción para los meses que le queden de vida. Para no morir tirada en la perrera. Sola. Sin que nadie le diga al oído lo buena perra que es. Para quien no lo sepa, muchas son las protectoras de animales que trabajan con casas de acogida. Son domicilios de particulares que cuidan de ese animal hasta que es adoptado. Las protectoras se encargan, habitualmente, de los gastos y, por supuesto, de gestionar la adopción. Es duro, lo sé, pero ver recuperado, física y psicológicamente, a un animal que llega enfermo, maltratado o abandonado, es de las mejores experiencias de la vida, por no hablar de la enseñanza para los más pequeños de la casa. Y tuve que llamar. Y ahora Mai (no podíamos llamarla Mai) ha sido rebautizada como Tara por número dos. Además de su enfermedad, parió cuatro cachorros muertos. Estará en nuestra casa, intentando hacerla feliz, mientras esperamos el milagro de una adopción definitiva para que no se vaya sin conocer el significado de la palabra familia. Algunos llegan para vivir, otros para morir, y ambos tienen el mismo derecho. Para adoptarla contactad con Pro Animales Carballiño. También aceptan madrinas y padrinos para sufragar sus necesidades (alimentación, desparasitación, veterinario). Carácter: es una santa. Gracias.

Acoller
Hai unhas semanas vina en internet. Mai. Chamábase Mai. E tiven que ler. Estaba no canil. Quen sabe como a vida lle acabara alí. Imaxínoo polo seu medo. Ten unha idade indeterminada. Tamaño mediano. Fáltanlle dentes. No canil en que comen polo cru. Ósos. Vergonza. Ten vultos nas mamas. As súas rescatadoras conseguen sacala para darlle asistencia veterinaria. O diagnóstico é demoledor: cáncer nas mamas con metástase nos pulmóns. Pedían unha casa de acollida ou adopción para os meses que lle queden de vida. Para non morrer tirada no canil. Soa. Sen que ninguén lle diga ó oído o boa cadela que é. Para quen non o saiba, moitas son as protectoras de animais que traballan con casas de acollida. Son domicilios de particulares que coidan dese animal ata que é adoptado. As protectoras encárganse, habitualmente, dos gastos e, por suposto, de xestionar a adopción. É duro, seino, pero ver recuperado, física e psicoloxicamente, a un animal que chega enfermo, maltratado ou abandonado, é das mellores experiencias da vida, por non falar da ensinanza para os máis pequenos da casa. E tiven que chamar. E agora Mai (non podiamos chamala Mai) foi rebautizada como Tara por número dous. Ademais da súa enfermidade, pariu catro cachorros mortos. Estará na nosa casa, intentando facela feliz, mentres esperamos o milagre dunha adopción definitiva para que non marche sen coñecer o significado da palabra familia. Algúns chegan para vivir, outros para morrer, e ambos teñen o mesmo dereito. Para adoptala contactade con Pro Animales Carballiño. Tamén aceptan madriñas e padriños para sufragar as súas necesidades (alimentación, desparasitación, veterinario). Carácter: é unha santa. Grazas.

domingo, 16 de xullo de 2017

Parto vaxinal despois de cesárea en T invertida



Acaba de marchar a contracción das 13:30. É algo máis frouxa que as súas predecesoras. Máis espazada. Estou sentada na sala de espera. Veño ó xine revisarme. Levo desde o martes pola tarde con contraccións e quero saber se están sendo tan efectivas como as sinto. Estamos a xoves. Tamén quero asegurarme de que todo está ben. Non é que teña motivos de preocupación, non pasou nada que me faga sospeitar dunha desviación da norma pero, despois de morrer unha filla no útero, inconscientemente necesito a seguridade dunha ecografía. Que o cordón estea no seu sitio, como se velo hoxe na pantalla bicor puidese convertelo en plano fixo. Como se un ecógrafo puidese deter o fatídico ritmo da vida que marcha, que foxe sen que poidas agarrala. Estou soa esperando, son a última. En fronte, separadas tan só por uns cantos pasos, mírame dona Rosalía. Estamos no seu mes, o de febreiro. O 24 de 1837 abría os ollos. O 14 de 1877 pechábaos coa súa Valentina morta. Xa é curioso toparme o seu cartel nun centro de saúde. Hai unhas semanas estaba exactamente no mesmo asento, contoneándome para encontrar postura cómoda a este sacro dorido. Manchaba un pouco e era raro. Desde o primeiro parto non volvín ver tapón mucoso e encima a súa expulsión supuxera o seu inicio. Non estaba sendo o caso. De feito, estaba quieta na miña cadeira, como se todo estivese detido. 40+3 semanas, nada preocupante, pero si agobiante, estraño. Facía uns días estivera un par de horas con contraccións e, aínda que obviamente cesaron, quedaba no corpo sensación de parto. Concretamente, de estar de parto sen parto. Masaxeábame o sacro de maneira inconsciente, balanceábame e camiñaba coas pernas moi abertas, como cun gran peso que me pegaba á terra. Pero a noite, ó contrario do que se di, desanimaba as miñas contraccións e permitíame durmir placidamente, que ata a vexiga me estaba respectando neste embarazo. Poucos síntomas fóra dos primeiros meses horribles de horizontalidade. Síntomas físicos, porque psicoloxicamente duro, de arrepentirse, de odialo, de querer arrincarme a barriga e entregarlla ó primeiro que pasase. De querer unha cesárea. Supoño que cando a túa filla morre no teu ventre xusto durante o paso do útero ós teus brazos, a transición convértese en sinónimo de pánico. Unha nena perfecta, un embarazo perfecto que, nun segundo impredicible, torna morte. Nunca me sentira tan sen saída, tan sen ningunha opción boa, calella escura. Parir era pánico, a cesárea medo e o único certo era que este neno, si ou si, ía nacer. E eu ía de cu, nunha viaxe entre tebras, que se me sacudiu cara ás 30 semanas cando nunha eco o descubrimos de nádegas. Nada que decidir. Nada a miña responsabilidade. Cesárea programada no meu hospital. Que seguridade nos transmite a cesárea, como se fose unha intervención inocua. Como se os nenos abandonasen o útero por inofensiva ósmose. Como se ninguén nunca morrese nun hospital e dése igual nacer por arriba que por abaixo, na semana 38 ou cando o bebé di xa. E sentín alivio. Marcaría un día que nos viñese ben co meu xine que me ía respectar en todo, deixaría os irmáns maiores na casa, a avoa pedindo días e encargándose da loxística e, xa está, daríanme un neno vivo e todos contentos. O alivio duroume ata que me durmín. Pola mañá algo se me rebelou: de verdade vas entrar a quirófano fresca como unha leituga sen unha soa contracción? Vas negarlle o seu nacemento como se tivese a culpa do maldito prolapso de cordón? Podes entrar andando ó hospital e, esperta, sentir como te remexen a entraña ata arrincarcho, asustado, inmaduro? E se pasa "algo"? E comprendín que a cesárea non me garantía nada, que igualmente podería haber complicacións, mínimas, si, tan mínimas como o 0,47 de risco de prolapso... Que marcar un día de cesárea non impedía que me puxese de parto antes. Porque non podía abstraerme da miña responsabilidade. Non podía fuxir do parto por medo. Tiña que enfrontarme ó abismo. E, ó contrario do que me esperaba, non sufría ansiedade durante estas últimas semanas. De feito, en ningún momento estivera tan tranquila. E decidín. Decidín facer todo o que estivese na miña man para que se xirase, á vez que me facía un máster en partos de nádegas. Por se acaso. Probei posturas, lin e vin, técnicas, manobras, moxibustión e díxenlle "se ti te xiras, eu párote". E tan tranquilamente planteime na reunión cos xefes de obstetricia porque na semana 35 decidiron que non me atendían o parto, que iso era unha cousa moi tola, de hippies que non estudan seis anos de medicina, nin a especialidade, nin o MIR, nin escriben intelixentes artigos científicos, nin teñen vinte anos de experiencia... Ademais, na súa bóla de cristal viron que o meu bebé non ía xirar. E é que nin teríamos que estar falando de parto, que hai que programar unha cesárea si ou si porque o útero vai romper e imos morrer todos.
            - Firma, pídocho como favor persoal, díxome a coordinadora, esgrimindo, como se ve, un impecable argumento científico.
             E eu firmei, pero a negativa a programarme.
            - Ás catro da mañá chegarás para cesárea de urxencia, vaticinou o xefe antes de marchar.
          - E porás nervioso a todo o persoal, dramatizou de novo a coordinadora, o que di moito dunhas persoas encargadas de tratar urxencias...
            Púxenlle datos e estudos sobre a mesa para demostrarlle que, de verdade da boa, evidencia científica mediante, non era tan perigoso parir tras cesárea en T invertida, xa que ese era o quid da cuestión, que nunca unha única letra sementara tanto pánico.
            - Non imos discutir de estudos, sóltame como unha labazada.
            Señoría, non hai máis preguntas. Entón en base a que decidimos? E pasaron o meu caso á asesoría legal porque se pisaba de parto o hospital, salvo que a cabeza estivese asomando, era cesárea si ou si. E tiven medo de que me enviasen a casa á Garda Civil para rebandarme baixo orde xudicial. Así que as miñas opcións de parir pasaban porque estivese o meu xine de garda ou ingresar en completa. Non só non me deixan parir senón que me negan a versión externa. Non vai ser fácil pero estou estrañamente tranquila. Algo me di que esta xente pouco vai dicir no meu parto. Ninguén vai decidir o día do teu nacemento. Un par de semanas despois, xirou.
            E por fin entro na consulta. A ecografía móstranos que todo vai ben. Uns 2,800 kg de bebé, ben colocado, pouco líquido, placenta arriba e cordón no seu sitio. O útero ten varias zonas finas, desas medidas que farían correr os saurios a quirófano polo risco de rotura, aínda que a evidencia teña demostrado que ningunha medida a predí. Sorte que non estou cun deles. O meu xine pregúntame polas miñas contraccións. Despois dun par de horas o sábado, estando de 39+5, cesaran ata o martes. Iso non era raro. Menos co segundo, co que tiven case un mes de contraccións prodromáticas, os meus partos arrincaban directamente. Por iso estaba agobiada e quería saber se nestes dous días se me modificara o cérvix. Parecíanme contraccións efectivas, poucas pero contundentes. E perdía tapón. O parto non podía tardar moito máis. As contraccións empezaban despois de comer e sucedíanse cada media hora. Incomodaban un pouco. Cesaban á hora da cea e volvían pouco antes da medianoite. Sentía como me abrían o cérvix e eu visualizábao, repetíame "respira e abre". Na cama continuaban e non me deixaban durmir. Comecei coller o móbil para cronometralas. Duraban un minuto. Axudábame ver correr os segundos. Concentrábame. Dábame perspectiva. Co amencer remitían e conseguía durmir unhas horas. Pídolle un tacto.
            - Estás de entre 2 e 4 centímetros.
           E case salto de alegría. Así, sen decatarme, estaba practicamente de parto. Marcamos monitores para dentro duns días, se chego, e a esperar. Sinto que cumprín resistindo ata poñerme de parto. Deixar que decida o seu día. Xa estivo ben de pelexar. Doume permiso para pedir unha cesárea. E perdónome.
            Na casa sigo coa síndrome do niño coa que convivo desde hai semanas por primeira vez. Involucrei a polipai e limpamos paredes, teitos, montamos armarios, desaloxamos a cociña ou lavamos a roupa do bebé desexando que esta vez non teñamos que gardala sen usar. Respiración contida. Fisicamente lévoo, pero a cabeza xa non se me concentra en algo que non sexa o día P. As contraccións repítense na súa pauta habitual. Teño todo preparado para ir ó hospital. Controlado todo o que podo controlar. Déitome case á unha e á 1:30 espértame unha contracción molesta. Respiro e abro carai como tira do cérvix. Pretendo seguir durmindo pero, seguindo o seu ritmo habitual, outra potente contracción espértame ás dúas da mañá. Pero esta vez é diferente. Non aguanto deitada e teño que levantarme e fágoo pensando por que, se contraccións cada media hora nin son parto nin son nada. Sentada no sofá tampouco estou cómoda. Arrepíntome de non ter inflado a pelota de Pilates. Sento medio cu no borde do sofá e incorpórome cos brazos cando chega unha contracción. Por suposto, poño a tele e acendo a luz. O ruído axúdame a concentrarme e necesito luz porque estou en alerta de parto. Teño que ver. Na tele escollo Calleja e penso que isto vai parar. As contraccións chegan irregulares e agora non adoitan pasar dos 40 segundos de duración. Imos a menos e síntome un pouco parva aquí medio sentada, a ver que fago levantada de madrugada co ben que estaría cos meus mozos na cama. Algunhas contraccións son máis potentes que outras e obríganme a ir ó baño. Presionan a vexiga. Perdo tapón e fágolle fotos. Xa vou tendo un bo álbum con tanta perda. Identifico un modelo: certas contraccións, caída do tapón, contraccións máis "leves" que non o moven e volta a empezar. De tanto ir e vir acabo deixando todas as luces acesas, aínda que de normal sempre vou ás escuras. Que curioso é isto de parir. Van pasándome as horas da sala ó baño, camiño de ida e volta. Descubro que de pé levo mellor as contraccións e encima sinto que a postura me axuda a dilatar o cérvix, que me segue tirando, noto a cabeza sobre a miña vexiga. Tamén estou ben andando. Abúrrome e, como non quero crer que estou de parto, apago a tele e volvo ó cuarto. Vou intentar durmir pero son incapaz de meterme na cama. Quedo agarrada á ventá, pernas abertas, pasando a contracción. Sobre todo intento manterme erguida. Penso que o segundo parto foi tan longo por pasalo a catro patas. Estou empeñada en que a cabeza apoie ben. Non teño ningún medo, en contra do que pensaba, estou tranquila, segura de que a posición é correcta e de que o peque está ben. Móvese periodicamente. Pérdome nas horas. Xa non aguanto máis e esperto a polipai. Son as 5:45. Necesito que me faga un tacto para ter unha idea de como vou.
            - Só toco cabeza.
           Non pode ser. É de todo imposible que estea en completa. Paréceme que as contraccións van a menos e xa case non mancho. A ver se vou estar na parada previa ó expulsivo... Non. Non pode ter sido tan fácil. Non teño sensación de puxo, quizais nin sequera estea de parto. Igual aínda é cedo pero el insiste en chamar o xine. Si quere saber e sabelo xa. Faino ás 6 da mañá, mentres eu camiño do baño á sala e viceversa, pasando contraccións apoiada en todos os mobles. Fago forza contra eles e sinto que a cabeza deixa de apertar a vexiga para situarse sobre o cérvix. Iso é que está baixando. Vou andando coas pernas tan abertas que case non podo facelo, teño que agarrarme, mobles, portas ou paredes. Vou desvestíndome e vestíndome, sentindo frío e calor. Bebo auga con gas e un par de grolos de aquarius. Pero estou ben, demasiado ben, como insisto en transmitirlle o xine.
            - Vaia, falamos vinte minutos.
           E aí decátome de que nese tempo pasei unhas cinco contraccións e, aínda que para min son moi espazadas, iso implica que as estou tendo aproximadamente cada catro minutos. En hora e media sairemos cara ó ambulatorio para valoración. Creo que se fixeron un pouco lío con iso de que eu preferiría ir ó ambulatorio antes que ó hospital, que é certo pero non tiña apuro por saír da casa. Veña, a ver se hai sorte e paro antes, hahaha. E é que realmente non me apetece nada nada pero nada saír da casa. Barallo incluso chamar á miña matrona para que veña atenderme. Pero quedamos, teño que ir. A miña racionalidade ve conveniente un control médico. A todo isto parece que, só coa perspectiva, o parto detense. Irmán maior esperta e levántase, o que aproveito para volver á cama. Necesito estar tranquila. Nada máis entro ó cuarto, mediano esperta e, sen verme, marcha. Fágome unha torre de coxíns para apoiarme mantendo certa elevación. Sigo coa miña obsesión de que a cabeza apoie ben no cérvix. Tápome coa colcha e estou tan cómoda, tan a gusto, tan tranquila, tan quentiña, que quedo durmida. Normal tras unha noite en branco e as dúas anteriores co soño interrompido. Porque as contraccións seguen e, aínda a medio durmir, incorpórome o que podo para manter a verticalidade da súa cabeza sobre o meu cérvix. Quero notar unha leve sensación de puxo. Non sei o tempo que pasou cando irrompe polipai.
            - Temos que marchar.
           Preparara os nenos e collera todas as mochilas. Traíame roupa, a porta aberta, os nenos xogando camiño do coche. Son incapaz de vestirme soa, incapaz de separar os pés da terra. Moooooooi a modo, con toda a paciencia do mundo, el vísteme, apóiome no seu corpo. Tiña eu preparado un pantalón negro super frouxo porque non aperta nada, o máis cómodo que teño, o mellor para sentar no coche con contraccións. Por encima, o primeiro que el pillou, unha camiseta negra de manga longa vellísima que era súa e que utilizo para estar na casa. Menos mal que non me vexo porque entre o loito e o pelo recollido e despeiteado de calquera maneira nunha coleta alta levo un aspecto lamentable. Na porta dáme unha contracción e grito. Descentroume o cambio, estou desconcentrada, molesta, dóenme máis as contraccións. O meu can ouvea comigo, tan gracioso. Estou segura de que me escoitan os veciños. Que vergonza e que pouco me importa. Por fin estamos todos listos no vehículo. Como non podo sentar vou de xeonllos no asento do copiloto, agarrada ó respaldo. Teño un primeiro plano de irmán maior que vai protestando por non sei que, por moito que seu pai lle pide que espere, que o primeiro é levarme ó médico porque xa vai nacer o irmanciño. Algo lle digo. Xa vai nacer. Dío fácil. Vouno crendo. Estou moi incómoda. Cada movemento brusco do coche, cada curva ou cambio de marchas provócame un tirón do cérvix. É difícil manter a postura, as pernas que non teñen sitio suficiente para abrirse e ben apoiarme. Cambaleo. Estouno levando moi mal e non fago máis que repetir que máis a modo, máis suave. Chegamos ó ambulatorio máis preto das 10 que das 9. Mal aparcamos na porta e ata o coche chega o meu xine cunha cadeira de rodas. Polipai dixéralle que non podía andar. Subo á cadeira tal cal vou no coche, ou sexa, malamente de xeonllos agarrada ó respaldo. Non vai a cousa moi estable. O meu xine leva o meu móbil no seu peto. Polipai marchou aparcar e temos que avisalo cando acabemos. Morro da vergonza. Baixo a cabeza como se con iso puidera desaparecer os ollos curiosos que noto postos en min. Subimos tres plantas no ascensor directos á consulta. Está a enfermeira axudando a desvestirme, parando as veces necesarias para respectar cada contracción. Sigo pasándoas de pé, pernas abertas facendo forza contra o que pillo, cadeira, padiola, cadeira obstétrica. Son incapaz de deitarme así que o intentamos de pé pero non conseguimos escoitar o latexo. Non queda máis remedio que aguantar na padiola. O bebé está perfecto e o meu cérvix está dilatado... 5 centímetros. Cáeme o mundo encima. Non contaba con tan pouco. Se case nin podo andar! E aínda teño que chegar a 7 centímetros, facer a miña parada fisiolóxica habitual de vete saber canto tempo, continuar ata completa e o expulsivo. Demasiadas horas! Nada. Imposible. O xogo terminou. Vou pedir cesárea. Vou ó hospital e en canto chegue o meu xine, que aínda ten un par de horas de traballo por diante, pídolle cesárea.
            - Estás de parto, probablemente será para mediodía ou primeira hora da tarde.
           Ha! E un corno! Non me coñece! Ó mediodía de mañá ou pasado parirei eu! Co que tardo! E, sumándosenos a enfermeira, desfacemos o camiño montada ó tolo na cadeira de rodas. A enfermeira pensa como baixarme pola rampla, o meu xine adiántase para falar con polipai que, non sei como, xa estaba esperando na beirarrúa. Estou tan enfadada que me levanto. Que coño, se só estou de 5 centímetros isto non é parto nin é nada, non teño por que non ir andando. Agarrada ós dous homes, baixo pola rampla.
            - Entón aparcade preto do hospital e en dúas horas máis ou menos termino e falamos a ver como vai. Se pasa algo entrades no hospital. Creo que mellor esperar antes que ir directamente, non?
            - Ui, si, ela non quere ir ó hospital.
           Que? Están tolos! Como vou aguantar dúas horas así no coche? Co que me custara chegar e non fora nin media! Eu si quería ir ó hospital!
            - Estás de parto. Ánimo!
           E despídese e nós arrincamos o coche, eu de volta ós xeonllos en precario agarrada no respaldo. Saio peor do que entrei. Se onte estaba quizais de 4 centímetros, toda a noite para dilatar só un... Véñome abaixo. Non aguanto máis. Non o vou aguantar. O parar e arrincar da condución pola cidade non me axuda. Tírame do cérvix.
            - Para. Para xa dunha vez, quéixome.
           Estamos dando voltas buscando aparcamento e xa non aguanto máis. Estou moi incómoda. Polipai dime algo que non recordo e, por fin, aparcamos. Os nenos xa están fóra do coche cando case nin me dera tempo a levantar a cabeza. Isto é o que hai. Dúas horas. Teño que poñerme cómoda.
            - Quita as cadeiras, así non aguanto, necesito sitio.
          E baixo do coche. Á miña espalda hai unha montaña de terra onde de esguello intúo os nenos. Escóitoos rir e falar. Xa están subindo e baixando. Non teño nin idea de onde estamos.
            Polipai fai oco como pode e retira ó maleteiro a cadeira máis grande. Eu lánzome á parte traseira que xa non aguanto máis. Hai unha saba vella e enróloa para apoiar brazos e cabeza. Sigo coa miña obsesión de manterme o máis erguida posible aínda que estea nun coche practicamente a catro patas. Collo postura coas pernas fóra do coche. Teño a fronte apoiada contra a cadeira que queda. Cando me chega unha contracción fago forza coa cabeza contra ela, coas pernas contra a carrocería. Teño moitísimo frío. Estou a tremer. Polipai mírame. Está ó lado do coche, ó meu lado, controlando os nenos que siguen no seu xogo despreocupado. Dáme o seu abrigo. Agora si que xa levo un look total, cunha zamarra extra grande que incluso me permite abrochala de todo, a pesar do barrigón de 40 semanas e 4 días.
            Dispóñome a aguantar as dúas horas pactadas antes de pedir unha cesárea.
            - Non podo, dígolle a polipai.
            Abrázame.
            - Vou pedir unha cesárea. Non aguanto. Non aguanto máis.
            Recolócome como podo no coche, xa sen frío. Empezo a ter sensación de puxo, moi suave. E unha merda vou estar puxando se só estou de 5 centímetros... A miña cabeza non deixa de dar voltas. A dicir verdade, por que non aguanto? Non é que teña unha dor insoportable, para nada, de feito, agora que encontrei postura cómoda, as contraccións son ben soportables. E son escasas, tanto que adormezo. O sol desta primavera adiantada mantenme quentes os riles. O que me atormenta é o tempo, descoñecer canto queda así. Xa me esforcei suficiente todo o embarazo. Quero parar xa. Rápido xa pasou unha hora e xa só queda outra. Non noto que o meu útero traballe, non sinto movemento, só a contracción que presiona a cabeza contra o meu cérvix. Síntoo completamente ocupado por ela e iso dáme tranquilidade, xa que sen bolsa rota non hai prolapso. O peque móvese periodicamente. Cando me parece que leva un tempo quieto, como se me escoitase, golpéame con suavidade. Creo que todo está moi parado, levarei unhas oito contraccións en todo este tempo. Nin estou gritándoas, como moito abro a boca e sigo visualizando como mantra o meu "respira e abre". Tampouco sinto necesidade de quitar a roupa, de feito, nin teño calor, aínda que me noto as meixelas coloradas. É dicir, non hai nin pegada de todo o que fixen nos meus partos anteriores. Fai sol, a mañá avanza, os nenos continúan na montaña, polipai rifa a irmán maior e cruza unhas palabras cun operario que entra e sae varias veces montando unha pequena escavadora. Estamos nun prohibido aparcar e aínda así, sen candeas, sen oscuridade, sen a intimidade da miña propia cova, os puxos cada vez se me fan máis evidentes e é ós 7 centímetros cando eu empezo a puxar. É probable que teña esa dilatación e esta se me teña parado, preparando os corpos para a última fase expulsiva. Sigo pensando en solicitar unha cesárea, pero tamén penso en falalo co meu xine, escoitar a súa valoración e tomar despois unha decisión. Non me parece xusto para o meu peque extirpalo sen causa médica xustificada. Poñeranme polo menos a epidural? Non sei se poden tras a miña cesárea. Tampouco visitei ó anestesista nin firmei o consentimento. Os puxos cada vez son máis fortes. Empeza a saír líquido, córreme pernas abaixo empapando o pantalón. É pis. Seguro. Por uns instantes, penso en plantarme alí mesmo a evacuar vexiga, pero xa me parece excesivo que vaia o espectáculo que debemos estar dando na vía pública, os nenos ó mowgli, eu a medio meter no coche e polipai en pé vixiando a escena. Estou moi incómoda co pantalón extra ancho pegándoseme, inundado, á pel.
            - Que hora é?
            - As doce.
            - Chámao.
         E ó meu xine aínda lle queda unha media hora no ambulatorio, máis uns quince minutos de desprazamento. Podo esperar ou ir xa ó hospital.
            - Vamos.
            E é que teño que sacar o pantalón. E a racionalidade dime que debo asegurarme de que non se trata de líquido amniótico. Poñereime cómoda e esperarei a súa chegada para decidir. El confía en min, tampouco é cuestión de defraudalo agora. A modo incorpórome para agarrarme ó respaldo do asento. Xa non me movo. Os dous nenos van no asento dianteiro. Estamos ó lado do hospital. Tócome o pantalón e levo os dedos húmidos ó nariz. É urina. Agora si vou todo glamour... En cuestión de minutos estamos xa na porta de urxencias. Polipai entra e volve acompañado dunha celadora con cadeira de rodas. Escóitoa preguntarlle se podo andar. Eu nin medio palabra, volvo montarme de xeonllos na cadeira. Ela alármase pero eu nin caso. El queda dando os meus datos e a min lévanme directa ás urxencias obstétricas. Cada vez que me vén unha contracción, que xa é puro puxo, dígolle que pare e báixome para pasala apoiada contra a cadeira. Boa parte do tempo manteño os ollos pechados. Creo que non grito.
            - Non, por favor, non, non baixes, suplica angustiada.
            E é que supoño que unha muller de pernas abertas, pantalón empapado e pinta de empuxar debe asustar, a ver se lle vou parir en calquera corredor. Por fin chegamos e nin me meten na consulta, sae unha xinecóloga que se presenta:
            - Xa nos coñecemos, dime.
            Si, puxéralle unha queixa no meu anterior embarazo por negarme a terceira ecografía se non ía a unha consulta anterior. Dime que iremos directas á sala de parto natural, que non hai tempo de verme alí.
            - Empezo a empuxar ós 7 centímetros e o do pantalón é pis, coméntolle para que vexa que non hai tanta présa.
            Están discutindo se cadeira se padiola e por fin traen esta última. Subo como podo e mantéñome a catro patas.
            - Mellor deita, non vaias caer.
            - Non, vou ben.
           Necesito apoiar as mans, facer forza contra o que sexa para pasar os puxos. Non me vou mover. Entramos na sala e preséntanme a outra xinecóloga, outra matrona, unha auxiliar. Desvístenme e o camisón queda sen poñer no meu brazo, mantéñome a catro patas e tan só brevemente consigo medio deitarme de lado. Algunha me fai un tacto. Eu estou moi concentrada, nin me fixo en nomes nin en caras. Entre elas infórmanse:
            - Nove centímetros ou completa con reborde.
            Merda. Á merda a epidural, xa non ma van poñer. Á merda a cesárea, estou para expulsivo xa. Pero por que non sae se estou en completa? Só hai que esperar. Cando estou en completa, simplemente, paro. Debe estar atascado, teño esa sensación. Sempre me resultou fácil o expulsivo e lenta a dilatación. Parece que esta vez ía ser ó revés. Nin cría que tivese dilatado tanto en tan pouco tempo. Pero, agora que? A miña cabeza vai a mil, non deixo de pensar. Vou pedir que enchan a bañeira. É probable que a auga quente me axude. Teño o sacro moi dorido e trémenme as pernas. A matrona estame poñendo unha vía no pulso.
            - Tamén imos sacarte sangue para as probas de coagulación que non as tes feitas.
           Non quería vía pero na miña última versión do plan de parto decidín aceptala, xa que para eles era tan importante. Dóeme. A vea rompeu e ten que volver intentalo no brazo. Entra outra xinecóloga que tamén se presenta. É a da quenda da mañá. Entran máis mulleres e xa non sei se son matronas ou auxiliares. Non encontran latexo fetal e, cando o fan, este é bradicárdico. Póñenme no dedo o pulsioxímetro para asegurarse. Perden foco. Póñenme as correas. Bradicardia. A última xinecóloga en entrar infórmame de que hai que romper a bolsa e proceder á monitorización interna.
            -Xa sei que non queres intervencións pero é importante, engade, sempre en ton amable.
            A min amólame que por presentar un plan de parto xa se me etiquete como anti-medicina. Pois non. Se o latexo é bradicárdico hai que confirmalo. Como sexa. Para iso están eles e as intervencións, nada que ver con aceptar unha cesárea na 38... Teño que deitarme para que rompan a bolsa. Boca arriba é imposible así que quedo sobre o meu lado dereito. Vénme un puxo tremendo e sinto a necesidade de incorporarme pero teño que aguantar así e teño que puxar, non me van cortar o puxo. Noto presión na vulva e sorpréndeme que ninguén me diga que está nacendo. Lévome instintivamente a ela a man esquerda e apreto mentres puxo. Un chorro propúlsase entre os meus dedos. Procede da uretra, ten que ser urina. Póñenme na perna o electrodo para a monitorización. A xine, sentada ós pés da cama, pide instrumental para a amniorrexe. De súpeto, un puxo que me fai incorporarme. Estou a catro patas.
            - Vese a cabeza, di a xinecóloga sen moverse.
          E paraliza calquera intervención, monitorización incluída. Eu noto lume no perineo. Ten que ser o famoso aro. Primeira vez que o sinto. Como se fose unha cabeza pequeniña. Agora é cando vai doer. E volvo empuxar e nótoo e a xine pregúntame se quero tocar a cabeza, que sae, que ten pelo. Pero eu prefiro apoiar a miña man na cama, seguir facendo forza contra ela. Sinto como un dedo de abaixo a arriba e dígolle que me está facendo dano. Penso que me está tocando para protexer o perineo ou eu que sei.
            - Non son eu, é o bebé.
            E non quero empuxar porque me vai doer e, á vez, sei que teño que empuxar. O meu corpo empuxa só. Non hai aro de lume, só esa calor abaixo. A cabeza sae e escoito voces que me din que respire tranquila para osixenalo, que empuxe a modo. Pero non son eu a que leva o control do meu corpo. No seguinte puxo sae o corpo.
            - Un máis e xa está, dime a xine.
            Pero eu xa me estou xirando porque noto as súas pernas esvarando pola miña vaxina. Recólloo das súas mans, unha boliña, encollido, esvaradío de vérnix. Choro e río. Case non o creo. Xa está aquí, tan rápido, tan fácil, tan bonito. E vivo. E quedo como esperando o parto, esperando contraccións que me doan, aro de lume que me dobre. Quedo a medias. Fai moito ruído ó respirar e intenta eliminar líquido pola boca. Enseguida ten unha toalla encima e a matrona insísteme en que lle refregue a espalda para estimulalo e que chore.
            - Xa sei que non queres pero temos que asegurarnos de que chora ben.
          Quizais esa limpeza lle borra o cheiro a vida do líquido amniótico, que non chega ó meu nariz. Rompeu a bolsa ó saír. A xinecóloga ensíname o cordón branco e córtao. O cordón aínda nos depara outra sorpresa: un nó verdadeiro.
            Non podo evitar pensar en que, de terme programado cesárea, diríanme que ese nó non aguantaba un parto... Ese nó para min é un sinal.
            - Un milagre, suspira a matrona.
            Bastante rápido sae a placenta e me estrullan o útero. Odio esta manobra. Pola deusa, o meu útero acaba de sacar un bebé, que lle ides ensinar a contraerse! Tanto a matrona como unha das xines insístenme en que avise á miña parella. Eu estou no meu mundo, sen separar os ollos do pequeno. Quero chamalo pero cústame saír da miña burbulla. Tampouco me gusta que me falen. Non se coidan nada estes momentos do posparto inmediato, o noso período de alerta, que debería ser tranquilo. Consigo enviarlle unha foto feita a unha man.
           A xinecóloga no seu estilo suave recoméndame poñerme oxitocina para evitar unha hemorraxia no meu potencialmente perigoso útero de multípara. Píllame desprevida e acepto. Trasládannos a REA entre noraboas varias, co meu bebé enganchado ó peito. Alí non hai ninguén máis que enfermeira e auxiliar. A matrona dime que pode entrar a miña familia. Entra o meu xine tamén a felicitarme. A enfermeira búscame na espalda a pegada da epidural e alucina cando comproba que se pode parir sen ela. E sen episiotomía. E que ós nenos non se lles caen os ollos aínda que non lles poñas a profilaxe ocular. Entra polipai cos nenos e el tamén alucina pero pola rapidez. Apenas acababan de entrar nunha cafetería cando recibiu a miña foto.
            - Cando naceu? Deixámoste ás 12:40 máis ou menos.
            - Ás 13:05.
            A matrona volve para pedirme o papel de acuarela e tráeme un zume a min e ós nenos. Venme xenial porque estou morta de fame e de sede. Levo desde a cea sen comer nada e durante a noite apenas apurei uns grolos de auga e aquarius. Quere imprimir a placenta tal e como figura no meu plan de parto. Eu nin me acordaba. Era máis un recordo por se acaso... Pero mando a polipai de volta ó coche a por el, máis que nada para que leve os nenos. Necesito tranquilidade e non estar pendente de que non toquen aquilo ou non suban alí. Na súa ausencia volve a xine:
            - Ó final fun eu a que che fixen o parto.
            Ollos en branco quédanme. O parto fíxeno eu, que si, que é unha forma de falar pero é unha forma de falar que di moito. Entran as pediatras que me contan os riscos da alta temperá e fanme firmar un consentimento. Non din nada do risco de sacarme o meu bebé para examinalo, medilo e pesalo nunha mesa, á miña vista pero lonxe do único que coñece, do seu único hábitat: o meu corpo. 8/10 de Apgar. 3,020 kg e 50 centímetros. Vernes 24 de febreiro, 13:05 horas. Danme a alta aínda que non queren. Aquí chegan os meus rapaces co papel e a matrona enseguida me trae a impresión.
            Ela e a auxiliar despídense, hai cambio de quenda. A auxiliar dime que me verá nuns anos, cando vaia parir á nena. E dío tan convencida que parece unha premonición. Mediano queda durmido no chan. Adóitao facer cando está cansado emocionalmente nun sitio descoñecido, pechado e con estraños. Xa case pasaron as dúas horas regulamentarias e imos preparándonos para volver a casa co novo membro. O meu xine tráeme a miña alta e tamén se despide. Débolle máis de medio parto. Tivo que ser á cuarta conseguir un seguimento do embarazo sen estrés, sen medo a cada nova consulta. Un verdadeiro acompañamento onde as probas eran as necesarias para o noso benestar e non números para cubrir un aséptico expediente. Por primeira vez, eu importei. E é grazas a el. Chaman os veciños que me escoitaron gritar esta mañá e sorpréndense de que saiamos tan cedo. Teño que pedir unha cuña para facer pis -maldito soro- porque alí preto non hai baño. A cámara lenta, con preguiza por abandonar a maxia destes primeiros momentos, vestimos o peque e vístome, o meu pantalón xa case seco de pis, porque non trouxen muda. Non me mareo nin un pouco, aínda que a miña tensión está polo chan. Xamais tería imaxinado un parto así. E saímos cargados de bolsas, caixas e nenos. Baixo tres pisos polas escaleiras e camiño unha rúa ata o coche onde devoro o meu tradicional bocadillo de nocilla posparto. Por primeira vez, paso o resto do día na miña casa, no meu sofá, co meu bebé pegado. E xa é paradóxico, penso, conseguir agora o que me resultara imposible nos meus planeados partos na casa. A normalidade. E dúchome tranquilamente sen notar que o meu corpo acaba de parir. Nin unha rabuñadura. E teño a seguridade de que cando morra volverán a min as imaxes da primeira vez que vin os meus fillos. Ós catro.
            Despois chegou o leite e as feridas por un frenillo considerable que a seguridade social tardaba quince días en valorar porque non é unha urxencia xa que o neno come e a ninguén lle importa a miña tremenda dor que malamente conteñen as pastillas. Temos que cortalo por privado.
            Despois os coidados que dou por inercia, porque sentilos é somerxerse na dor profunda e lacerante da ausencia. Do corpo que quedou sen dar. Ás portas da vida. Sen ela, con ninguén. Como se puidese traizoala. Aquí contido un parto partazo que sen embargo leo frío, sinto alleo. Indiferente. Desconectada. Hai días que non sei se é neno ou nena. Que lles poño a comida ós maiores e me sobresalto porque ó pequeno non lle dou, que non recordo que bebe o leite do meu peito. Quizais perdín para sempre a inocencia e xa nunca será o que debeu ser. Á vez, crío consciente do milagre e viviría eternamente pegada a el.